
María Magdalena en Provenza: la historia, los lugares, la tradición
¿Cómo llegó la discípula más célebre de Jesús a convertirse en la santa patrona de Provenza? Entre fuentes antiguas, una tradición milenaria y lugares de memoria todavía vivos, este es el relato de una figura que fascina desde hace dos mil años.
¿Quién fue María Magdalena?
María de Magdala, llamada María Magdalena, es una de las figuras más presentes de los evangelios. Originaria de Magdala, a orillas del lago de Tiberíades, aparece en los cuatro evangelios canónicos como una discípula de primer plano: sigue a Jesús por Galilea, asiste a la crucifixión cuando la mayoría de los apóstoles ha huido y, sobre todo, es el primer testigo de la resurrección. Es a ella a quien el Cristo resucitado se aparece primero, y es a ella a quien encarga anunciar la noticia a los apóstoles. Esa misión le valdrá, desde los primeros siglos, el título de «apóstol de los apóstoles».
La tradición occidental fusionó durante mucho tiempo en una sola figura a tres mujeres de los evangelios: María de Magdala, María de Betania (la hermana de Marta y Lázaro) y la pecadora anónima que perfuma los pies de Jesús. Esa fusión, consagrada por el papa Gregorio Magno en el siglo VI, moldeó la imagen de la santa en Occidente durante casi mil quinientos años. Los exegetas distinguen hoy estas tres figuras, pero es precisamente la Magdalena «compuesta», penitente y contemplativa, la que Provenza acogió en su memoria.
Más allá de los evangelios canónicos, textos antiguos llamados apócrifos (que significa «ocultos»), como el Evangelio de María hallado en Egipto a finales del siglo XIX, testimonian el lugar singular que ocupaba María Magdalena en ciertas comunidades cristianas de los primeros siglos: una discípula eminente, muy cercana a Jesús, descrita como alguien que recibió de él una enseñanza particular. Estos textos, su historia y los debates que suscitan forman parte del relato que contamos.
La tradición provenzal: el desembarco de las Santas

La tradición provenzal cuenta que, tras la muerte de Jesús, durante las persecuciones que golpean a la primera comunidad de Jerusalén, María Magdalena es embarcada a la fuerza junto a varios compañeros en una barca sin vela ni remos: su hermana Marta, su hermano Lázaro, Maximino, María Jacobé, María Salomé y su sirvienta Sara.
Guiada por la providencia, la barca cruza el Mediterráneo y encalla en la orilla de la Camarga, en el lugar donde hoy se alza el pueblo de Saintes-Maries-de-la-Mer. Su iglesia fortificada conserva las reliquias de María Jacobé y María Salomé, y su cripta acoge a Sara, convertida en la venerada patrona de los gitanos, que le rinden homenaje cada año en una de las peregrinaciones más singulares de Europa.
El relato está atestiguado por textos medievales, entre ellos la célebre Leyenda dorada de Jacobo de la Vorágine en el siglo XIII, y probablemente hunde sus raíces en tradiciones orales mucho más antiguas. Sea cual sea la lectura que se haga, histórica, simbólica o espiritual, este relato moldeó el territorio: determinó la implantación de iglesias, santuarios y peregrinaciones que estructuran Provenza desde la Edad Media.
La evangelización de Provenza

Desde la orilla de la Camarga, los compañeros se dispersan para anunciar el evangelio. Marta remonta el Ródano hacia Tarascón, donde la tradición le atribuye la victoria sobre la Tarasca, el monstruo del río. La colegiata de Sainte-Marthe de Tarascón conserva su tumba. Lázaro se convierte, según la tradición, en el primer obispo de Marsella. Maximino se adentra en el interior, hacia la ciudad que llevará su nombre.
María Magdalena, por su parte, predica en Marsella junto a su hermano Lázaro. La ciudad más antigua de Francia, fundada por los griegos seis siglos antes de nuestra era, es entonces un gran puerto mediterráneo, cosmopolita y abierto. La tradición los hace predicar juntos ante el pueblo de la ciudad, sentando así los cimientos de una de las comunidades cristianas más antiguas de las Galias.
Marsella guarda la memoria de esos orígenes: la abadía de Saint-Victor, fundada en el siglo V sobre una necrópolis paleocristiana, sus criptas entre los testimonios cristianos más antiguos de Francia, y la tradición viva de la Candelaria, en la que las navettes, esos bizcochos con forma de barca, recuerdan cada 2 de febrero la llegada de las Santas.
La Sainte-Baume: treinta años de retiro

Tras sus años de predicación, la tradición cuenta que María Magdalena se retira del mundo. Alcanza un macizo boscoso al este de Aix, cuyo bosque fresco y húmedo, poblado de hayas gigantes, ya era considerado sagrado por galos y romanos, que no cortaban allí la madera. Hoy se le llama la Sainte-Baume, del provenzal «baumo», la gruta.
Es en una gruta abierta en la pared del acantilado, a novecientos metros de altitud, donde María Magdalena habría pasado los treinta últimos años de su vida, en la contemplación y la oración. La tradición cuenta que siete veces al día los ángeles la elevaban hasta la cima del acantilado, en el lugar llamado Saint-Pilon, para escuchar los cantos del cielo.
La gruta, convertida en santuario ya en el siglo V, está custodiada por los frailes dominicos desde 1295. Se accede a pie por los senderos del bosque, en aproximadamente hora y media de subida (se requiere una condición física correcta). Papas, reyes de Francia, de san Luis a Francisco I y Luis XIV, y millones de peregrinos y visitantes han hecho esta ascensión antes que nosotros. La llegada a la gruta, excavada en el acantilado frente a un panorama inmenso, sigue siendo uno de los momentos más sobrecogedores que ofrece Provenza.
La tumba de Saint-Maximin

Sintiendo llegar su fin, María Magdalena habría descendido de la gruta para recibir la comunión de manos de Maximino, en la llanura vecina. Es allí, en la ciudad que hoy lleva el nombre de Saint-Maximin-la-Sainte-Baume, donde la tradición sitúa su tumba.
En 1279, Carlos II de Anjou, príncipe de Salerno y futuro conde de Provenza, ordena emprender excavaciones en la cripta de la iglesia de Saint-Maximin. Allí se descubre un sarcófago de mármol del siglo IV que contiene reliquias, identificadas como las de María Magdalena. Para albergarlas, Carlos II lanza la construcción de la basílica de Sainte-Marie-Madeleine, el mayor edificio gótico de Provenza, cuya obra se extenderá durante dos siglos.
La cripta conserva hoy el sarcófago antiguo y el relicario del cráneo de santa María Magdalena. El lugar es considerado por la tradición como la tercera tumba de la cristiandad, después del Santo Sepulcro de Jerusalén y la basílica de San Pedro de Roma. La basílica, declarada Monumento Histórico, alberga también uno de los órganos más célebres de Francia, salvado en la Revolución, se dice, porque en él se tocó la Marsellesa.
Un culto a través de los siglos

De la Edad Media a nuestros días, la figura de María Magdalena no ha dejado de irradiar. Vézelay, en Borgoña, le dedica una de las mayores basílicas románicas de Europa, punto de partida de uno de los caminos de Santiago. Los reyes de Francia suben a la Sainte-Baume, de san Luis a Luis XIV. Los pintores hacen de ella uno de los grandes temas del arte occidental: Giotto, Donatello, Tiziano, Caravaggio, Georges de La Tour, cuyas Magdalenas penitentes figuran entre las obras maestras absolutas de la pintura francesa.
Más cerca de nosotros, la figura de María Magdalena conoce un notable resurgir: redescubrimiento de los textos antiguos, trabajos universitarios, novelas, películas y documentales. En 2016, el papa Francisco eleva su memoria litúrgica al rango de fiesta, al mismo nivel que la de los apóstoles. Cada 22 de julio, su fiesta reúne en Provenza a peregrinos, curiosos y amantes del patrimonio.
El camino de los Santos de Provenza

Desde hace algunos años, un itinerario oficial une los grandes sitios de esta tradición: el camino de los Santos de Provenza. Doscientos veintidós kilómetros en diez etapas, de Saintes-Maries-de-la-Mer a Saint-Maximin pasando por la Sainte-Baume, señalizados y reconocidos por la Federación Francesa de Senderismo, apoyados por la Región Sur y sostenidos por una asociación dedicada.
Este camino consagra lo que Provenza sabe desde siempre: el territorio de María Magdalena no es un decorado, es un itinerario. Un hilo que une el mar, el río, las ciudades de arte y la montaña sagrada. Es ese hilo el que siguen nuestros viajes, con la comodidad y con el relato añadido.
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Según la tradición provenzal, la tumba de María Magdalena se encuentra en la cripta de la basílica de Sainte-Marie-Madeleine, en Saint-Maximin-la-Sainte-Baume, en el departamento del Var. Allí se conservan un sarcófago del siglo IV y un relicario, visibles todo el año.
